domingo, 7 de mayo de 2017
sábado, 28 de enero de 2017
viernes, 27 de enero de 2017
SU DROGA ES EL SEXO: LOS HIPERSEXUALES
La vida de una persona adicta al sexo puede complicarse y tambalear, poco a poco, volviéndose un infierno: el 39 % rompe definitivamente con su pareja, el 28 % se contamina con enfermedades de transmisión sexual y el 17 % tiene problemas en su trabajo y casi siempre lo pierde. Se vuelve una compulsión que pierde todas las características de placer. Los síntomas no son evidentes, aparentemente, pues no hay evidencias como en las drogas psicotrópicas que dejan rastro en sangre o en la saliva.
A lo largo de la historia los hemos conocido como ninfómanas o sátiros y siempre han estado rodeados de un aura de misterio y misticismo que no existe. Los hipersexuales, como se les conoce ahora, padecen el mismo problema que un cocainómano o heroinómano y a la larga destruyen igualmente la vida de la persona adicta.
“A veces llegan preguntándose qué les pasa para que no puedan tener relaciones de pareja normales. Llegan con ansia, con muchas preguntas y pocas respuestas. El sexo se convierte en una obsesión y sus actos sexuales en comportamientos compulsivos. Dejan de disfrutar del sexo para obsesionarse con la cantidad de sus encuentros sexuales” es la opinión contundente de José Bustamante, psicólogo clínico, experto en relaciones de pareja y sexología; y además asegura que estos pacientes están obsesionados por la cantidad y no por la calidad.
Esta obsesión está considerada como un trastorno mental según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, el llamado DSM5, conocido en todo el planeta como la Biblia de los psiquiatras. Según las pautas de este manual se realiza una prueba básica, con la que se diagnostica el trastorno:
“Se trata de una terapia interdisciplinar“, explica el Dr. Bustamante. “A veces es obligatoria una ayuda farmacológica y entonces necesitan terapia psiquiátrica, pero a la vez es indispensable la terapia educativa sexual. Deben recuperar el sexo coherente. No es cuestión de eliminar el sexo de sus vidas sino de que ese sexo esté única y exclusivamente cuando deba estar. Es necesario que también puedan volver a enamorarse. Hay que recuperar la calidad en detrimento de la cantidad”.
Algunos opinan que Internet ha influido notablemente en la aparición cada vez más numerosa de estos “pacientes”, debido a la proliferación de las películas porno, los chats sexuales y el consumo sexual rápido y constante que han influenciado a los cibernautas que pululan en la red. El problema que cada vez se agudiza más, ya es motivo de preocupación de los especialistas.
miércoles, 25 de enero de 2017
CUNNILINGUS O COMERTE LA VAGINA
Para cualquier mujer se trata de una sensación placentera, distinta e inigualable, y cuando la mujer la experimenta, absolutamente liberada al placer y al goce, se convierte en una experiencia que puede superar al coito o a la masturbación. Ella recibirá caricias por todo su cuerpo que la estimulan muy poco a poco. Están hablando las manos y los labios de su amante. Cada beso, cada lamida, cada espacio de piel que recibe la presión del tacto de él, se estremece.
Algunos movimientos anuncian lo que llegara pronto. A veces, incluso, aunque no se sabe con total seguridad, se intuye el lugar en el que acabara la lengua. Los labios de él abandonan la boca ansiosa de ella y comienzan el delicioso camino con lentitud estudiada. Primero es la tersa piel del cuello la que recibe sus húmedos labios. Luego, los hombros. Las manos anticipan cada gesto y van por delante de los labios avanzando el camino. Primero acariciaron los hombros y ahora aprietan suavemente los pechos. Segundos después llega la boca de el para lamer los pezones erectos.
Las manos de ella acarician la cabeza del amante, acompañando el ritmo de los besos. El está ahora en el comienzo del pubis, su lengua está llegando sinuosamente hasta el ombligo. Sus manos se adentran y rozan los glúteos y las piernas. Besa el monte de Venus, separándole las piernas y todo el cuerpo de él se introduce entre ellas. Las manos se agarran fuertemente de las nalgas y la lengua y los labios llegan a su destino. Sus gemidos sensuales son un anuncio. Ya los besos envuelven su vulva y la lengua profundiza entre sus pliegues íntimos.
Se trata de un placer muy especial muy bien apreciado por muchas mujeres que encuentran en el sexo oral el mayor gozo sexual. Hay maneras de hacer más intensas estas deliciosas sensaciones de lamer la vulva y el clítoris:
- Las yemas de los dedos juegan ensortijando el vello púbico, amasan los labios menores, juntándolos y besándolos lentamente.
- La nariz se abre paso separando los labios, permitiendo que la lengua acaricie la vulva.
- La barbilla, los labios y la nariz forman círculos para rozar la vulva y sus alrededores.
- Los labios de la boca se unen a los labios de la vulva como si los besaran.
- Un apasionado y autentico beso con lengua, mientras, al mismo tiempo, los dedos recorren la vulva.
- Muy suavemente, mordisquear y chupar el clítoris.
- Intentar agarrar el clítoris entre los labios, apresándolo y soltándolo varias veces.
- Soplar suavemente sobre el sexo cuando está muy húmedo para provocar
- Formar una U con la lengua y darle largas y suaves lamidas, comenzando en el clítoris y acabando en la entrada de la vagina.
- Endurecer la lengua y jugar con ella en la entrada de la vagina y en el clítoris con leves golpecitos rítmicos.
viernes, 20 de enero de 2017
POSICIONES TÁNTRICAS PARA INTENSIFICAR TU ENCUENTRO SEXUAL
Les describimos algunas de las posturas sexuales clásicas, que se adoptan durante el ritual del Maithuna (es un término sánscrito utilizado en el tantra para denominar la unión sexual en un contexto ritual).
LA MUJER ARRIBA: Te sientas sobre el varón y pasas las piernas por detrás de la espalda de él. Esta posición facilita que Shakti (la diosa mujer) permanezca activa y sea la que dirige el ritmo, previniendo así los movimientos bruscos que suelen desencadenarse cuando es el hombre quien tiene el control sobre la actividad. Por otro lado facilita el orgasmo femenino. Permite que el hombre pueda estar receptivo, soltarse y entregarse plenamente a las sensaciones. Para llegar al éxtasis el hombre debe permanecer mucho tiempo unido a Shakti, impregnarse de su energía magnética, hasta que la divina vibración lo invada.
LA ALINEACION PERFECTA: La mujer se tumba sobre el hombre, con las piernas abiertas para facilitar la penetración. Una vez que el pene está bien insertado, ella aprieta las piernas para que los cuerpos de la pareja se superpongan en una alineación perfecta. La mujer puede entonces comenzar la estimulación frotando su cuerpo lateralmente y horizontalmente contra el de su pareja.
LA TIJERA: Ambos miembros de la pareja se acuestan boca arriba, con la pierna derecha de uno cruzada una sobre la izquierda de la otra y viceversa. Las piernas pueden estar apoyadas sobre el suelo o la cama. Es importante la relajación profunda que se logra y la expansión de la vibración a través de la contracción genital. Otra variante es que las piernas están en esta posición, pero ambos están sentados, la mujer sobre el hombre.
LA CUCHARA: La mujer esta acostada sobre un costado; delante esta su compañero que la penetra por detrás y mientras, puede acariciar sus pechos y otras partes de su cuerpo como el cuello, vientre y labios. También ella pude girar su cabeza y besarlo en la boca.
EL COLUMPIO: La mujer está sentada de espaldas sobre el hombre, controlando la profundidad de la penetración y el ritmo de la misma.
EL MOLINO: El movimiento de la mujer, sentada sobre su compañero, es de girar alrededor de su pareja, usando el pene como un eje central.
LA POSICION DEL ANDROMACA: El hombre esta tumbado sobre la espalda y su pareja se posiciona encima de él, en cuclillas, con el busto completamente erguido.
miércoles, 18 de enero de 2017
CÓMO DARLE UN MASAJE VAGINAL QUE LO VOLVERÁ LOCO (TOTORIAL CON ELSY REYES)
¿Sabías que puedes estimular a tu pareja con tus paredes internas vaginales? Las maestras Taoistas le dicen “tocar la flauta”
lunes, 16 de enero de 2017
POLVO SIN MANOS (RELATO EROTICO)
Anoche soñé un polvo muy especial con mi novia, un polvo en el que estaba vedada la penetración y casi el contacto físico. No podíamos gritar, sino susurrar. No podíamos usar la lengua, sino rozarnos con los labios y el aliento. No podíamos acariciarnos a manos llenas, sino con los pulpejos de los dedos, y siempre sin hacer más presión sobre la piel que la que harían las patas de una mosca. Queríamos que la condensación del deseo llegara a ser dolorosa, insoportable. Queríamos que el ansia creciente de la posesión, continuamente aplazada, insatisfecha, angustiosa como el suplicio de Tántalo, nos llevase a una pequeña muerte.
Nos tumbamos en sentidos opuestos, como para un sesenta y nueve. Ella frotó una mejilla contra el bulto que reventaba mi slip. Yo olisqueé la entrepierna de su braguita, emborrachándome con las esencias de manigua que la impregnaban. Sentí cómo se desperezaba mi verga al roce de su cara, cómo desplegaba sus anillos de boa y erguía peligrosamente su cabeza. Surqué sus afeitadas ingles con la barbilla, con los pómulos, con la punta de la nariz. Detecté el relieve de su lentejuela sublevada y, apresándolo en mi hocico, soplé sobre él. Ella trataba de embocarse mi racimo, lo perseguía con giros y más giros de cabeza, pero resbalaba en la tela. Cuando mi ardiente vaho se extendió por entre sus muslos, cuando empecé a raspar su interior con los cañones de mi barba, una materia irisada se escurrió por la cintilla de su tanga. Mi chica hablaba a la serpiente con bisbiseos hipnóticos, yo podía oír como entre las nieblas de la droga una letanía de súplicas y ofrecimientos.
Mi rebullir de ahogado entre sus piernas la obligó a despatarrarse sin pudor, culeando en busca de placeres todavía inconcretos. Mis cojones, sofocados en su opresiva cárcel, se desparramaron de golpe fuera de la bragueta, irrumpiendo en su boca. La pitón se evadió por la misma brecha, ya totalmente desencadenada, y golpeó su rostro. Le bajé el tanga con los dientes, deshilachándolo, desgarrándolo. Una espesa nube de hormonas abofeteó todos mis sentidos. Me coloqué sobre ella, haciendo pendular mis huevos cerca de sus ojos, vibrar mi sable acerado a las puertas de su boca. Ella veía la roja bellota desnuda oscilar a un milímetro de sus labios, intentaba alcanzarla y se le escapaba. Una y otra vez abría sus labios sedientos, implorantes, y una y otra vez les retiraba yo el alimento con latidos controlados.
Fui a saciar en su coño mis ansias de náufrago y ella cruzó los muslos. Me alejé de él y ella volvió a mostrármelo en todo su esplendor de papaya madura, chapoteante, olorosa. Sentí las yemas de sus dedos erizándome el vello de las nalgas, estremeciéndome los riñones como un escuadrón de hormigas implacables. El contacto era mínimo, casi imperceptible, un presagio de caricia, una sombra, pero oleadas de deseo me atenazaban el pecho y empezaban a asfixiarme. Adiviné la posición de sus tetas por una sutil irradiación y fui acercando a sus pezones mis yemas cautelosas, trazando círculos en el aire donde respiraban sus abultadas aréolas. Sus dedos se paralizaron sobre mi espalda, suspendidos a flor de piel, y eso delató que la marea del deseo también estaba subiendo por su cuerpo.
Retrocedí a gatas y me arrodillé detrás de su cabeza. Las oscuras tetinas, en efecto, habían adquirido una dureza cerámica. Mis huellas digitales se insinuaron en sus cráteres, y la sola premonición de una cosquilla hizo asomar dos gotas de calostro. Los pechos, arrastrados por sus acumuladores de energía, se esponjaron y enderezaron, orgullosos. Noté el ardor de sus carrillos subir por mi cipote vertical, que presidía su frente como el arma de un unicornio. Noté en los rizados pelos de mi escroto el roce de sus cejas, el aleteo de sus pestañas.
Me situé frente a ella, la cubrí hasta que nuestras auras entraron en contacto, lo necesario para electrizarnos los pelillos del vientre, para ponernos la carne de gallina. Hice crepitar mis labios en su sobaco sudoroso, donde afloraban retoños de oscura vegetación, mientras ella esparcía con sus jadeos ardientes la maraña del mío. Me perdí en el laberinto de su oreja, titilándole el lóbulo, y la sentí retorcer el cuello, convulsa, agonizante, mientras me oía llamarla puta con susurros y ráfagas de aliento en lo más profundo de su oído.
Se acuclilló sobre mi cara, igual que una diosa oriental, y me la bañó con los tórridos efluvios de jungla de su guayaba despulpada. Según se balanceaba lentamente, yo veía pasar ante mis desesperados ojos el garbanzo de su clítoris, enorme, amoratado, surgiendo de una cama de vellones chorreantes; la tornasolada medusa de su chocho; la branquia fruncida y negra de su ano, con una misteriosa lubricación natural. Cuchicheando, ahogado, le propuse placeres inauditos, perversiones atroces. Ella resoplaba, saturada, pletórica. La lujuria entornaba sus párpados, descolgaba sus mejillas, hacía correr la baba por el desfiladero de sus tetas. La vi resplandecer, transfigurada por el goce que presentía, que rabiaba por detonar como una bomba.
Llevábamos horas así. ¿Cuánto iba a durar aquel tormento? ¿Por qué no teníamos piedad uno del otro? Mis dedos ascendían por su abdomen, peinaban a contrapelo sus costillas, trazaban líneas de seda entre sus omóplatos y los hoyuelos de sus ancas. Ella me cardaba el vello del tórax, me rondaba las tetillas, dibujaba la monstruosa exaltación de mi pene con una línea rigurosamente paralela a su contorno.
Por fin, entre estertores, se corrió con una abundancia casi masculina, llenándome la cara de deliciosos chorros y regueros. Mi leche se catapultó sobre sus lomos, como las olas contra el acantilado, y, encauzándose por la rendija de su culo, fue a remansarse en un lago bajo su membrillo… Entonces me desperté, flotando en un mar de semen.
domingo, 15 de enero de 2017
FIEREZA ANAL EN EL “SALÓN DE TÉ” DE LA PLAZA STRINFORK (RELATO ERÓTICO)
Ellen mide un metro setenta y dos. Su complexión es fuerte pero esbelta, de anchas espaldas y pecho pequeño, glúteos firmes y musculatura general marcada, pero elástica. Los rasgos de su rostro son angulosos y rectos, lo que, junto a su largo cuello, ojos verdes y melena castaña, le confieren una muy notable y singular belleza andrógina. Su pareja, Lars, apenas mide un par de centímetros más que ella. Su aspecto es delgado y un tanto frágil, pero firme y carismático en sus gestos. Posee una mirada profunda y sincera enclavada en un rostro armonioso y sugerente, que lo dota de la belleza de la inteligencia.
Los lavabos públicos de la plaza Strinfork, situados junto a la salida 8 del metro, alinean ocho retretes repletos de las más obscenas inscripciones. Frente a ellos, tres piletas donde lavarse las manos y un dispensador de papel secante, que normalmente está vacío. Un espejo largo, vencido ya por el óxido en sus esquinas, corona las tres piletas. Al entrar, el olor es una mezcla de amoniaco, ambientador industrial, humedad y un inconfundible toque de algo desagradablemente orgánico. Los lavabos públicos de la plaza Strinfork no son un lugar para pasar la luna de miel ni un monumento para ser visitado por turistas. Ellen y Lars saben todo esto y, sin embargo, se dirigen hacia allí.
–De verdad que no sé dónde os metéis los huevos en estos pantalones de corte italiano –dice Ellen, intentando aflojar la presión que el tiro del pantalón ejerce en su vulva.
Lleva el pelo recogido bajo una gorra, incipiente barba y bigote postizo, así como un ostentoso reloj en su muñeca.
Lars contempla por un momento el aspecto varonil de Ellen, y no puede dejar de sentir una poderosa excitación al ver a su mujer así caracterizada.
–¿Es de fiar la información de tu amigo? –le pregunta Lars, observando el andar aplomado de Ellen sobre las zapatillas deportivas.
–Si él dice que ese lugar es el templo del tea-room en esta ciudad, seguro que es el sitio apropiado… Aunque nunca sepa muy bien lo que se hace, siempre sabe lo que dice.
Lars permite que Ellen avance unos centímetros para poder observar su firme trasero compactado en los pantalones. Es, indudablemente, el culo que envidiaría cualquier cachas de esos que se crían en los gimnasios, piensa.
–No dudo que él haya pasado antes por aquí, su afición por los encuentros eróticos fortuitos en lugares públicos es bien conocida –continúa Lars–…Solo hay una cosa que no me ha quedado clara: el término “tea-room” de los ambientes gais americanos o el británico “cottages” para las prácticas homosexuales entre desconocidos en lavabos públicos, ¿hacen alusión a que los lavabos públicos ingleses tienen aspecto de salones de té? O ¿se debe a que el nombre de “tea party” ya estaba cogido?
Ellen esboza media sonrisa bajo el bigote.
Cuando llegan a las estribaciones de los lavabos, un individuo enfundado en una sudadera con capucha, que le cubre la cabeza, se acerca sigilosamente. Lars no puede evitar dar un paso delante de Ellen, para interponerse entre ella y aquel tipo demandante.
–¿Cottagers? –se limita a preguntar el de la sudadera, que parece no advertir el travestismo de Ellen.
Lars asiente con un gesto.
–Ok, ok, come in…
Lars entra primero en los lavabos, y descarta los dos primeros de la derecha por estar ocupados. Puede oír el rítmico golpeteo, cada vez más violento, contra el tabique de separación, y cómo los gemidos se mezclan con algo que, pese a desconocer el idioma, parecen insultos. Entre el cuarto y el quinto retrete hay un glory hole toscamente horadado en la mampara, a una altura aproximada de unos setenta centímetros del suelo, y por el que podría pasar un balón de rugby. Sin apenas dudarlo un segundo, le indica a Ellen que pase al quinto, no sin antes recordarle algo antes de entrar:
–Voy a darte por el culo como nunca te han dado…
Ellen entra en los dos metros cuadrados del retrete, y al percibir el agujero, adivina las intenciones explicitadas por Lars. Puede oír como este ha empezado a desabrocharse los pantalones, mientras el tintineo del cinturón se mezcla con los ruidos de las letrinas contiguas. Su excitación va en aumento, y respira aliviada cuando desliza sus pantalones y bragas por sus torneadas piernas, liberando a su coño del pantalón.
De soslayo, percibe una tremenda erección apareciendo por la oquedad, y apoya su mano derecha contra el tabique opuesto, para exponer su culo a las embestidas de Lars. Su mano izquierda diestramente se acaricia la vulva, ya jugosa y ofrecida a sus propios tocamientos, cuando nota la polla de Lars acercarse palpitante, inusualmente grande, ancha y expandida hacia su ano… Un gemido seco se arranca desde lo más profundo de su garganta. Siente a la perfección cómo el glande de Lars pugna por adentrarse, venciendo, finalmente, la natural resistencia de su esfínter. Con la polla ya alojada en su culo, los movimientos y el ritmo con el que profundiza y se retira por tan estrecho pasadizo hacen que dolor y placer se combinen diabólicamente, y le procuren un gozo que se le antoja como absolutamente novedoso.
Ellen incorpora un poco la cabeza, a fin de tomar el aire que le exige su cuerpo, y percibe, por primera vez desde que entró en la letrina, un pequeño agujero en la pared del siguiente retrete, apenas a cuarenta centímetros de su rostro, por el que una pupila la está observando atentamente. El vaivén de la polla de Lars, su propio dedo acariciando el clítoris y la excitación de este nuevo descubrimiento hacen que Ellen tenga auténticas dificultades para contener el orgasmo. Mientras nota un ligero temblor en sus piernas que anuncia la inminencia del clímax, aprieta con fuerza sus glúteos, lo que produce que Lars emita un sonoro gruñido, junto a un exabrupto de placer, que Ellen escucha como si proviniera de otro mundo. La voz de Lars se ha vuelto más aguda, su timbre es distinto y la expresión empleada se le hace incomprensible.
Ellen fija la mirada, desafiando la pupila que, de frente y a corta distancia, la observa sin querer perderse detalle alguno. Hay algo en ella que le resulta enormemente familiar; su particular color castaño, la ligera melancolía del párpado cuando cae sobre ella para lubrificarla, la fijeza con la que se clava en su expresión de gozo… Esa pupila…
Justo cuando cree haber descubierto que la pupila que la observa de frente pertenece a Lars y que, como consecuencia, no tiene la menor idea de quién la está penetrando cual animal en celo, desde la pared de atrás… Justo en ese instante, el pensamiento de Ellen se ve ahogado, desarticulado, abatido y definitivamente arrasado por un orgasmo tan poderoso, que ni la más fiera presa hubiera podido contener.
sábado, 14 de enero de 2017
PARA HACER EL MEJOR CUNNILINGUS 2
Suave contra Brusco: Si el hombre desconoce las preferencias de su amante, lo mejor es indagar y preguntárselo. Pero si por pudor o por alguna situación especial no se anima o no es conveniente, es preferible siempre hacerlo muy suave y esperar a que ella misma pida más fuerza, porque cualquier movimiento brusco provoca molestias o dolor y ambos factores hacen que la mujer pierda concentración, deseo y ardor. Girar la cabeza de arriba a abajo o de lado a lado, recorriendo la vulva con la lengua de forma lenta, asegura un placer insospechado.
Los sonidos: Existen ruidos asociados con la actividad sexual que sirven como motivador, como excitante para la mujer. Emitir sonidos característicos al chupar o lamer, e incluso dejar escapar soplidos de excitación o agitación, y gemidos, ayuda a que ella comprenda que el hombre también está disfrutando del cunnilingus y la relaja para gozar más y más prolongadamente.
Un dedo: A muchas mujeres les gusta el juego manual durante el sexo oral. Algunas prefieren masturbarse ellas mismas acariciándose el clítoris mientras su amante les lame la vulva. Otras, que su compañero sexuales les introduzca uno o dos dedos en la vagina cuando sienten que la lengua en el clítoris esta próxima a llevarlas al orgasmo. En cambio, si la penetración con el dedo no les gusta en ese momento, ellas mismas se encargaran de hacer un gesto negativo para quitarlo. Ante esta insinuación conviene retirarlo rápidamente para que no se interrumpa el clímax.
Otras zonas erógenas: Cuando crece el deseo, el cuerpo pide más y la estimulación termina siendo múltiple. Mientras la lengua se ocupa de la vulva y el clítoris, una mano participa de la masturbación, en tanto la otra se acerca a otras zonas erógenas que quedan a su alcance para acariciarlas, según la postura que se haya adoptado. Desde el perineo y el ano (penetración con un dedo), hasta las nalgas, los muslos e inglés, los senos y los pezones.
Alerta de orgasmo: El cuerpo tenso de ella empieza a anunciar la proximidad del orgasmo. Es conveniente siempre acelerar las lamidas, aumentar el ritmo, aunque no de manera descontrolada (nunca caer en la brusquedad). En esos momentos es preciso centrarse en el clítoris, aunque con lamidas frecuentes, justo cuando ella estalla en el clímax. Mientras que cuando se empieza a relajar, conviene bajar también el ritmo y ser muy suaves, aunque sin dejar de estimular, porque, tras el orgasmo, el clítoris se vuelve hipersensible en la mayoría de las mujeres.
PARA HACER EL MEJOR CUNNILINGUS
Tomate tu tiempo: Para demorar el placer de la mujer y para que su excitación crezca continuamente, no es conveniente iniciar el cunnilingus estimulando directamente el clítoris. Los preliminares y rodeos para motivarla pueden traducirse en besos, movimientos y roces por todas las zonas erógenas del cuerpo, desde las más definidas, como los pechos, los pezones, el cuello, las nalgas y el interior de los muslos; hasta aquellas especiales de cada mujer, esas zonas “secretas” que solo el amante conoce: la nuca, el lóbulo de la oreja y los dedos de los pies entre otros. Iniciar estas caricias con la ropa puesta y repetirlas a medida que la vas desnudando, aumenta la voluptuosidad y el erotismo de la relación.
Comunícate: La pasión no necesariamente significa silencio, también te debes comunicar. Son muchas las mujeres que se sienten más excitadas cuando se les pregunta que prefieren y como les gusta, o si así les gusta, mientras disfrutan esas caricias, lo que en muchas ocasiones les da pie a pedir más y orientar a su compañero sexual sobre cómo seguir estimulándolas.
Posturas a la carta: Los cambios de posición o postura evitan la rutina y la odiosa costumbre. Lo imprevisible siempre aumenta el deseo. Sin embargo, conviene primero saber cuáles son las posturas mejor aceptadas por la amante y también cuales son aquellas que coinciden con las preferencias de cada mujer. A algunas les encanta llevar la iniciativa, incluso en el cunnilingus, y a veces deciden sentarse sobre la cara de su amante. Otras mujeres se entregan con las piernas absolutamente abiertas. Y otras gozan apretando con sus piernas semicerradas la cabeza de su compañero sexual para provocar un roce más continuo del clítoris o simplemente juegan a “ponérselo difícil”.
Lubricación: Usar mucha saliva al chupar la vulva potencia el morbo del sexo oral. Cuando la lubricación es intensa, la lengua y los dedos se desplazan más fácilmente, sin provocar molestias. Esta es la forma de asegurarse de comenzar un buen cunnilingus. Tras dar largas lamidas con la parte plana y ancha de la lengua, para excitarla, el destino final es el clítoris, mojándolo bien y dándole golpecitos o caricias más directas con la punta de la lengua.
Sigue un ritmo: La lengua debe seguir un ritmo sostenido en las lamidas. Este ritmo cambia a medida que se descubre lo que la hace gozar en cada momento. No es conveniente comenzar muy rápido, incluso muchas mujeres asumen esa actitud como muy brusca y se apartan, pues es mayor la molestia que el placer.
CONSEJOS PARA EL SEXO ANAL (VIDEO TUTORIAL)
Sexo anal ¿Hacerlo o no hacerlo? Para aquellos que han dicho sí al sexo anal les traemos técnicas muy fáciles para que esta práctica sea lo menos dolorosa posible. Además les presentaremos varios elementos que los ayudarán a prepararse antes de su encuentro sexual con los cuales se podrán divertir y hacer más placentera la experiencia, siempre cuidándose de cualquier tipo de infección de transmisión sexual.
13 PREGUNTAS PARA SABER QUÉ TAN BISEXUAL ERES
Los gustos, preferencias y actitudes de cualquier ser humano ante el sexo y sus vertientes determinan un grado o “cierto comportamiento o preferencia” Y fue el investigador Michel Foucault en un libro titulado: “Historia de la Sexualidad”, quien planteo por primera vez el criterio de que: la sexualidad no se dividía en heterosexual u homosexual, sino que el ser humano era básicamente bisexual y que a partir de los siglos XVII y XVIII; la sociedad victoriana y los criterios moralistas del cristianismo persiguieron cualquier tipo de preferencia sexual que se apartaba de lo heterosexual.
Todavía en plena Segunda Guerra Mundial la homosexualidad era considerada como una enfermedad y hasta un crimen castigado con la muerte en algunos países. Hasta que el matemático e investigador ingles Alan Turing planteo pautas y criterios para intentar acabar con esos tabúes que hasta el día de hoy se conservan de forma solapada.
Según Kinsey, un pionero en la investigación de la sexualidad humana (con mayor énfasis en lo femenino), mediante estudios y encuestas logro definir una “Escala de Kinsey” estableciendo estos grados en el comportamiento sexual humano y no como se consideraba hasta ese momento. Según Kinsey, las personas pueden encontrarse dentro de estos rangos de comportamiento sexual:
- Exclusivamente heterosexual
- Principalmente heterosexual con contactos homosexuales esporádicos (Por ejemplo: encuentras a alguien del mismo sexo atractivo; o encuentras porno homosexual en el cable y la curiosidad te impide cambiar de canal.
- Predominantemente homosexual aunque con contactos homosexuales muy esporádicos (si no has tenido relaciones o experiencias con alguien del mismo sexo, es probable que no te importaría tenerlo)
- Bisexual: la atracción hacia hombres y mujeres es igual o casi igual.
- Predominantemente homosexual, aunque con contactos heterosexuales muy (muy) esporádicos.
- Principalmente homosexual, con contactos hetrosexuales esporádicos (Puedes tener curiosidad o intentar tener algún tipo de relación con alguien del sexo opuesto.
- Exclusivamente homosexual.
- Asexual (sin interés por contacto sexual de ningún tipo)
La “Escala de Kinsey” fue planteada en 1948 y se ajustaba a la situación con respecto a la sexualidad de ese momento justo (Hace casi 70 años) y evidentemente no responde a la sociedad y la actitud de los “milennials” de la actualidad. Les presentamos, (a modo informativo) un test elemental que aun cuando no es original de Kinsey está inspirado en él, adaptado un poco más al momento actual. La versión original de este test esta en inglés y lo puedes revisar aquí
Esta es la “Escala de Kinsey”:
Edad: ___
Sexo o Genero: Hombre ___ / mujer ___
- Nunca he sentido deseo sexual.No puedo decidir qué sexo me atrae más.3. Encuentro la idea de tener sexo con otro (hombre o mujer) repulsiva.4. No quiero morir sin haber experimentado sexualmente con hombres y mujeres.5. No tengo interés en tener sexo con otra persona.6. El género que conforma la mayoría de una orgía es irrelevante en mi decisión de participar.7. Evito ver pornografía (gay si soy hombre, lesbiana si soy mujer).8. Me puedo sentir atraid@ por cualquier persona bajo las circunstancias correctas.9. Siempre he sido extremadamente confidente con mi orientación sexual.10. Encuentro a la gente de mi mismo sexo más atractiva.11. Un trío sería incómodo con la presencia de alguien de mí mismo sexo.12. Solo me atraen personas de mí mismo sexo.13. Soy sexualmente sumis@.
ALGUNOS MITOS SOBRE EL SEXO ANAL
El ano no puede excitarse: Es un mito, pues el ano es una de áreas corporales con mayor cantidad de terminaciones nerviosas. Al parecer, tiene tantas como hay en el glande del pene masculino o en el clítoris femenino; por lo que si estimula de una forma adecuada puede desencadenar orgasmos en mujeres y en hombres.
- Las mujeres se embarazan haciendo sexo anal: Totalmente falso. La mujer se embaraza mediante la fecundación de un espermatozoide y esto solo sucede en las Trompas de Falopio y de allí el espermatozoide pasara al útero femenino y en el ano no hay Trompas de Falopio, ni útero. Siempre se ha utilizado esta forma de sexo como un método anticonceptivo.
- A las mujeres no les interesa el sexo anal: Es falso. “El Journal of Sexual Medicine” o Gaceta de la Medicina Sexual publica unas estadísticas donde asegura que el 50 % de las parejas heterosexuales han realizado sexo anal, mínimo una vez en su relación y un 10 % de estas parejas lo adoptan como una actividad sexual frecuente o cotidiana, e incluso este último porcentaje asegura que es placentero.
- El sexo anal es doloroso: Es doloroso solo cuando no se realiza de una forma adecuada. La Universidad de Zagreb, en Croacia; determino en un estudio, que el dolor que se siente al practicar sexo anal es producto de un trastorno en la piel interna del ano. Y esto puede solucionarse con lubricantes adecuados a base de agua, algunas técnicas de relajación y hasta masajes; que pueden realizarse con los dedos colocando previamente un condón, para evitar situaciones desagradables o infecciones.
- Las mujeres no pueden llegar al orgasmo con el sexo anal: Está comprobado que el clítoris no es la única fuente de placer en el cuerpo femenino. La Universidad de Rutger en los Estados Unidos realizo unos estudios liderados por el Dr. Barry Komisaru, que demuestran que durante el sexo anal, la pareja de la mujer puede estimular adecuadamente su clítoris y con esto lograr un orgasmo satisfactorio.
- El sexo anal solamente es practicado por homosexuales: Falso. El sexólogo Jack Morín en su libro “Anal Pleasure and Health” asegura que solo la mitad de los homosexuales lo practican y que cada vez es mayor el número de parejas heterosexuales que disfrutan del sexo anal, el cual sigue siendo tabú y causando polémica.
SEXO ANAL EN UN BAÑO PUBLICO
Me llamo Elizabeth, tengo 41 años, alta de 1,71cm, tez trigueña, pechos normales, buena cola. Tuve pocos novios formales. Mi novio en ese momento se llamaba Eduardo, morocho, alto, flaco.
Siempre me decía que le volvía loco mi cola, le encantaba verme vestida con ropas ajustadas, Hasta ese entonces yo me vestía lo más cómoda posible es decir con ropas holgadas lo que hiso que me viera más en el espejo y comprobara que realmente tenia buen cuerpo y me gustaba mostrarlo.
Un Jueves me llama y me dice que a la noche fuéramos a cenar y luego a bailar y que me vistiera muy sexy. Esa tarde estuve como loca viendo que me iba a poner. Llame a mi mejor amiga Laura le comente de mi salida y me acompaño a comprar. Me compre un vestido negro bien ajustado y corto, una tanga hilo dental negra, medias haciendo juego con la lencería. Laura me dijo “ guau vas a estar increíble esta noche, si fuera hombre te comería jajaja). Nos despedimos y me fui a mi departamento.
Eran las 21hs de la noche, me bañe y luego me vestí. Realmente me quedaba re bien el vestido realzaba mis tetas y mi cola. A las 23hs paso a buscarme Eduardo, apenas me vio quedo paralizado.
Me dijo
Eduardo: Por dios que bien que estas!!! A ver date vuelta.
Y me pasaba sus manos por mi culo, mis tetas, me tocaba la vagina. Yo estaba recaliente.
Eduardo: Mejor vamos a cenar porque quiero una noche especial
Al llegar al Restaurante nos sentamos en una mesa reservada y al frente haba otra pareja. El de unos 60 años y ella 50 aprox. El tipo no paraba de mirarme, lo que provoco que su pareja le reprochara. Eduardo no se dio cuenta porque estaba de espaldas.
Eduardo me decía: “estas hermosa, cuando nos vallamos de aquí te voy a comer…Te voy a poner de 4 y te voy a chupar la concha y el culo hasta que me pidas por favor que te penetre”.
Yo le decía “ siiiii. Chúpame toda y dame por el culo…” realmente estaba recaliente
Terminamos el plato principal y le digo a Eduardo que voy al baño.
Los baños de hombre y mujer estaban bien al fondo. Cuando estoy por entrar siento que me agarran mi mano, me doy vuelta enseguida y veo que era el tipo de la mesa de enfrente. Me dejo helada. Se abalanzó sobre mí y me dijo.
“No se puede creer lo bella que estas. Tienes un cuerpo increíble” y me paso su mano por mi vagina, inmediatamente me agarro mi mano y me llevo al baño de hombres.
Yo estaba con una mezcla de miedo y éxtasis increíble. No le ofrecí resistencia.
Me introdujo en uno de los baños internos y comenzó a besarme desesperadamente. Me decía “perra estas mojada, ven chúpame la verga”
Yo no podía más me agache, y el saco su verga. Era corta pero era muy gruesa. Se la chupe desesperadamente, le pasaba la lengua por sus huevos – no sé qué me pasaba ni a mi novio se la chupaba así-
Me excitaba saber que entraban hombres al baño y no me veían.
El tipo me levanto y me dijo “quiero ver tus tetas. Le obedecí y baje la parte superior del vestido. Me las chupo espectacularmente, me dio vuelta y me ordeno que le muestre el culo, obedecí levante el vestido y le ofrecí mi culo – estaba que ardía – y comencé a moverlo. El tipo se pajeaba como loco, me tocaba el culo, me corría el hilo dental.
Me dice “que orto que tienes me vuelves loco. Córrete el hilo y muéstrame el agujerito. Muy bien. Ahora pásate los dedos por tu concha y métetelo después por el culito. Asiii. “
No aguanté más y le dije “ dale hijo de puta rómpeme el orto!!!”.
El tipo se arrodillo y comenzó a chuparme el culo. Luego apoyo su tronco comenzó a penetrarme despacito. Realmente me dolía. Era muy grueso -Eduardo la tiene más delgada- me dijo
“¿Quieres mas putita?
Yo: Si bien a fondo
Así?
Yo: Siii. Rómpeme el culo h… de p… – estaba desconocida muy excitada-
Empujo a hasta que entro toda y comenzó a bombearme. Yo está volando.
En un momento sentí la voz de mi novio conversando con otro. Eso me uso a mil.
El hijo de puta se dio cuenta y bombeaba más fuerte. Me ordeno que abra un poquito la puerta y mire. Obedecí y lo vi a mi novio lavándose las manos y peinándose. Esa situación me excito una barbaridad.
El tipo me decía mira ahí eta tu novio, que diría si se entera que me estoy culiando a su mujer”.
Yo me tocaba y ya no aguantaba más, él se dio cuenta y me dijo “Acaba hija de puta. Yo te voy a llenar de leche el culo”
Y así fue. Sentía que me llenaba el culo de leche. Fue exquisito.
El tipo de cambio y me dijo “vamos salgamos que no hay nadie. Me vestí rápido y salimos.
Inmediatamente entre al baño de mujeres y me lave un poco.
Regrese y Eduardo me dijo que paso que me demore.
“discúlpame estaba un poco descompuesta”.
Eduardo: “ Estas bien, quieres que te lleve a tu casa? Te veo muy agitada”
“si por favor no me siento bien”
Cuando nos levantamos el tipo que todavía está en la mesa de enfrente me sonrió.
En el trayecto a mi casa me puse re incomoda, me estaba saliendo leche de mi culo. A sí que legamos y lo despedí a Eduardo.
LAS OTRAS FELACIONES (VARIANTES DEL SEXO ORAL)
Existen algunas variantes que no solo tratan de mejorar el placer de quien la recibe, sino también de aumentar la excitación a través de una característica particular. En la práctica sexual oriental es muy común hablar de la Flauta de Jade. Se trata de un instrumento parecido a un caramillo, que es una flauta corta. La forma como se toca evidencia cierta sensualidad inevitable que se traslada con imaginación a la práctica sexual, pues es preciso tomarla con delicadeza, colocando los pulgares por debajo y el resto de los dedos encima del tronco, para luego abrir la boca y apoyar los labios sobre la boquilla para soplar. En Occidente suelen llamarla La Clarinetista. Esta felación es larga, suave y tortuosamente lenta.
La Llamada del Monzón es otra práctica que nos llega de Oriente, y hace referencia al tempestuoso viento asiático, que según las leyendas, puede volver loca a la gente por su persistencia. Aplicado al sexo oral, la llamada del monzón consiste en chupar largamente el glande, mientras una mano acaricia y estimula los testículos, sin tocar el tronco del pene. Los labios deben formar una capucha que tiene su límite en la corona del glande, mientras este queda oculto dentro de la boca y es estimulado y mojado por la lengua. Momentos después la mujer retira el glande de su boca y lo sopla muy suavemente hasta secarlo. Con mucha paciencia se puede convertir en una práctica oral completa que culmine en un excitante clímax.
La Felación Tántrica es muy adecuada para aquellas parejas que tienen tiempo para dedicarse a la búsqueda de lo erótico y lo sensual, la idea clave e importante está en ir más allá del orgasmo. Para lograrlo, hay que generar un ambiente agradable en el que se hable de sensaciones y fantasías; la concentración es vital, como también explicar con todo lujo de detalle lo que vas a hacer, mientras mantienes tus labios cerca del pene, permitiendo que el aliento de tus palabras se haga notar en su piel. Acaricia sus muslos con suavidad. Usa un plumero en sus zonas erógenas y deja que tu boca ensalive, de cuando en cuando, su glande. No permitas que la intensidad decaiga, pero recuerda que la eyaculación tiene que ser resultado de un sexo oral contenido, de ningún modo apresurado.















